Narración en primera persona


Esto es sólo un ejemplo para que vean cómo sería una narración entre tigre y loro desde el punto de vista del tigre, que tiene que contar por qué lo terminó desplumando al loro Pedrito… 

Un día un loro vino volando hacia mi monte y me dijo
-¡Buen día, tigre! -me dijo-¡La pata, Pedrito!…
Y yo, con esta voz terriblemente ronca que tengo, le respondo amablemente:
-¡Buen día!
Y el me decía
-¡Buen día, tigre! -repitió el loro-. ¡Rica, papa!… ¡rica, papa!… ¡rica papa!…
Y decía tantas veces “¡rica papa!” que me dio mucha hambre. El loro se comenzó a burlar de mi.
-¡Rico té con leche! -le dijo-. ¡Buen día, Pedrito!… ¿Quieres tomar té con leche conmigo, amigo tigre?
Pero me puse furioso porque el loro se burlaba de mí y además, como yo tenía mucha hambre , se me antojo comerme al pájaro hablador. Así que le conteste:
-¡Bueno! ¡Acércate un poco que soy sordo!
Pero en realidad no soy sordo; solo quería que Pedrito se acercara mucho para agarrarlo de un zarpazo.
Pero como el loro es un ingenuo pensó que de verdad era sordo. Y voló hasta otra rama más cerca del suelo.
-¡Rica, papa, en casa! -repitió gritando cuanto podía.
-¡Más cerca! ¡No oigo! –Le respondí
El loro se acercó un poco más y dijo:
-¡Rico, té con leche!
-¡Más cerca todavía! -repetí.
El tonto loro se acercó aún más, y en ese momento di un terrible salto, tan alto como una casa, y alcance con la punta de mis uñas a Pedrito. Pero le arranque todas las plumas del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola.
-¡Tomá! –Rugí -. Anda a tomar té con leche. 

Un día no muy lejano volví a ver a ese feo loro, pero con plumas nuevas
Entonces el loro se puso a gritar:
-¡Lindo día!… ¡Rica, papa!… ¡Rico té con leche!… ¿Querés té con leche?…
Me puse muy enojado al reconocer a aquel loro pelado que creía muerto, y juré que esta vez no se me escaparía, y de mis ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondí con mi voz ronca:
-Acércate más! ¡Soy sordo!
El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:
-¡Rico, pan con leche!… ¡ESTÁ AL PIE DE ESTE ÁRBOL!…
Al oír estas últimas palabras, lance un rugido y me levante de un salto.
-¿Con quién estás hablando? -rugí-. ¿A quién le has dicho que estoy al pie de este árbol?
-¡A nadie, a nadie! -gritó el loro-. ¡Buen día, Pedrito!… ¡La pata, lorito!…
Y él seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Y Llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si no, caía en mi boca  y entonces gritó:
-¡Rica, papa!… ¡ATENCIÓN!
-¡Más cerca aún!-rugí, agachándome para saltar.
-¡Rico, té con leche!… ¡CUIDADO, VA A SALTAR! Y salte, en efecto. Di un enorme salto, que el loro evitó lanzándose a mi como una flecha en el aire. Pero también en ese mismo instante un hombre que tenía una escopeta recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como un rayo a mi corazón, lancé un rugido que hizo temblar el monte entero, vi mi vida entera pasar frente a mis ojos y ya no recuerdo que más pasó, porque… caí muerto.

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